
La lluvia de estrellas de las Perseidas, popularmente conocida como las Lágrimas de San Lorenzo, tendrá su máximo de actividad en la madrugada del sábado al domingo 13 de agosto, concretamente a las 2.12 horas en la Península (1.12 hora en Canarias), aunque la Luna dificultará la observación.
¿Quién no se ha sentido pequeño alguna vez, al contemplar el cielo bajo la noche estrellada? ¿Quién no ha tenido un escalofrío de vértigo ante la inmensidad de lo infinito? ¿Quién no ha formulado un deseo al ver pasar una estrella fugaz?
Alguien me dijo una vez que en el desierto, donde ningún foco de luz en kilómetros a la redonda deshace la negrura de la noche, las estrellas innumerables brillan soberanas en la bóveda celeste: nos vigilan sonriendo y nos susurran sin palabras “míranos, estábamos aquí antes de que tu vinieses y estaremos cuando te hayas ido; al igual que la tierra que pisas, el sol que te calienta y la lluvia que te da la vida.”
Montes ardiendo por oscuros intereses, guerras estúpidas en el nombre de los dioses, inmigrantes que se ahogan buscando una vida mejor, países que mueren de hambre y enfermedad, cónyuges que confunden el amor con el “mi@ o de nadie”… y el universo, ajeno a nuestras cuitas, sigue su curso.
Y seguirá. Porque al universo nunca le han importado nuestras desgracias: los planetas no dejarán de girar por una tierra quemada, ni el sol apagará su brillo como duelo a los inocentes muertos, ni la luna retrasará su ciclo en solidaridad hacia las mujeres asesinadas. Y las estrellas seguirán brillando, aunque no las veamos, recordándonos con sus “lágrimas” que somos nosotros, los humanos, los únicos responsables de nuestra propia destrucción.
¿Cuál será vuestro deseo el domingo? El mío, que las constelaciones dejen de tener motivos para llorar…




