lunes, agosto 28, 2006

Famosos de trapos... sucios

No suelo ver mucho la televisión, pero en ocasiones, cuando la enciendo, me encuentro zappeando por todos los canales con programas en los que se destripa la vida y hazañas de famosos, famosotes y famosillos.

Y me planteo la pregunta del millón: ¿qué es más importante, el derecho a la intimidad o la información al público?

Todos tenemos algo de “voyeurs” y nos encanta estar al tanto de lo que hacen y deshacen los personajes de la prensa rosa, la cultura, la política, o los medios de comunicación : disfrutamos morbosamente contando los divorcios del cantante de turno, las borracheras de nuestro actor favorito, o las peleas del escritor de moda… Tal vez porque ver sus miserias nos reconcilia con nuestras faltas y nos consuela de nuestra envidia. Nos damos cuenta que, al fin y al cabo, son humanos como cualquier hijo de vecino, con sus debilidades, sus vicios, y sus desgracias, y que ni el dinero, ni la fama, ni el glamour los libra de las preocupaciones y el sufrimiento.

El problema llega cuando se traspasa la línea de la curiosidad, y dejamos de “ver y callar” para comenzar a “ver y criticar”. En lugar de limitarnos a “limpiar” nuestra conciencia, nos convertimos en jueces con dedo acusador de la paja en el ojo ajeno; y deja de importarnos si el cantante tuvo éxito en su último concierto, o si el actor interpreto magistralmente su papel, o si el libro de ese escritor es un nuevo best seller.

Creo que es en ese momento cuando se rompe el equilibrio entre la balanza de la vida privada y la pública. Cuando nos interesamos más por la rutina del interior de sus moradas que por el trabajo que realizan, que es lo que debería ser público ¿no?

¿Qué tal le sentaría a un currito cualquiera que su jefe le baje el sueldo porque se ha enterado que no le hace bien el amor a su mujer? Pues igual de absurdo es que nos guste o deje de gustar un disco, una película o una novela porque su protagonista sea borracho, bajo, comunista, gay, sordo o prepotente. O porque sea guapo, comedido, fiel, generoso, simpático y buen amante.

Y lo peor es que cada vez que decimos “esa es una puta”, “aquél se pasa el día puesto”, “no gana para operaciones de cirugía”, "es un bastardo rojo", "un chulo que ni sabe escribir"… sea o no verdad, estamos haciéndole daño a esa persona y los que la rodean, cebándonos en sus defectos para no mirar los nuestros. Y sí, es cierto que hay personajes que se venden ellos mismos por un puñado de euros; pero no es menos cierto que, amparándonos en esos ejemplos de gente sin dignidad pagan justos por pecadores.

¿Qué tal si antes de convertirlos en diana nos ponemos por un segundo en su lugar? ¿Por qué no opinamos de su trabajo y sí de sus medidas, sus parejas, sus casas o sus familias? Es muy fácil criticar, y demasiado fácil también olvidar que los personajes públicos no son muñecas de trapo con cuyos sentimientos se nos permita jugar.

(Dedicada al amigo de un amigo)

lunes, agosto 21, 2006

Mientras haya sobre la tierra ignorancia y miseria...

Soy, desde muy pequeña, una apasionada de la lectura. Un ratón de biblioteca capaz de pasar horas mirando embobada las estanterías de libros, de quedarme noches enteras devorando historias. He leído cientos de volúmenes, unos me gustaron más, otros menos; me han hecho reír, llorar, enfadarme, emocionarme, temer, pensar, aprender. Pero hay, sin duda, un libro que adoro y que nunca me cansaré de leer: Los Miserables, de Víctor Hugo.

Una historia hermosa y a la vez desgarradora por la que desfilan todas las grandezas y pobrezas del ser humano: la degradación de Fantina, la bondad de Monseñor Bienvenido, la mezquindad de los Thenardier, la fragilidad de Cosette, el orgullo de Mario, la responsabilidad de Javert, la despreocupación del pequeño Gavroche, el apasionamiento de Enjolras… y por encima de todos, la superación de Valjean.

He releído esa historia varias veces, en español y en francés, y cada vez que lo hago no puedo evitar cerrar su última página con lágrimas en los ojos. Y lloro por Valjean, que muere en la plenitud de la felicidad tras toda una vida de sufrimiento; y por Javert, dividido entre el sentido del deber y el desconcierto; y por Fantina, que sufre la dolorosa pérdida de la fe en la vida; y por Gavroche, reflejo de los inocentes que aceptan su destino; y por Grantaire, personificación de la amistad por encima de los ideales; y por Eponina, que entrega su vida para que viva y sea de otra el hombre que ama.

Y me pregunto al dejar el libro cuantos “miserables” no habrá en este mundo: seres que sufren día tras día, enfrentándose a la pobreza, el odio, la envidia, la marginación o el dolor; que caen y se levantan una y otra vez; que retroceden un paso para poder avanzar dos; que cargan con la pesada losa de la incomprensión, la intolerancia y la burla de los demás…

Miserables, ¿dignos de conmiseración? ¿O de elogio?

miércoles, agosto 09, 2006

Cuenta las estrellas para mi...


La lluvia de estrellas de las Perseidas, popularmente conocida como las Lágrimas de San Lorenzo, tendrá su máximo de actividad en la madrugada del sábado al domingo 13 de agosto, concretamente a las 2.12 horas en la Península (1.12 hora en Canarias), aunque la Luna dificultará la observación.

¿Quién no se ha sentido pequeño alguna vez, al contemplar el cielo bajo la noche estrellada? ¿Quién no ha tenido un escalofrío de vértigo ante la inmensidad de lo infinito? ¿Quién no ha formulado un deseo al ver pasar una estrella fugaz?

Alguien me dijo una vez que en el desierto, donde ningún foco de luz en kilómetros a la redonda deshace la negrura de la noche, las estrellas innumerables brillan soberanas en la bóveda celeste: nos vigilan sonriendo y nos susurran sin palabras “míranos, estábamos aquí antes de que tu vinieses y estaremos cuando te hayas ido; al igual que la tierra que pisas, el sol que te calienta y la lluvia que te da la vida.”

Montes ardiendo por oscuros intereses, guerras estúpidas en el nombre de los dioses, inmigrantes que se ahogan buscando una vida mejor, países que mueren de hambre y enfermedad, cónyuges que confunden el amor con el “mi@ o de nadie”… y el universo, ajeno a nuestras cuitas, sigue su curso.

Y seguirá. Porque al universo nunca le han importado nuestras desgracias: los planetas no dejarán de girar por una tierra quemada, ni el sol apagará su brillo como duelo a los inocentes muertos, ni la luna retrasará su ciclo en solidaridad hacia las mujeres asesinadas. Y las estrellas seguirán brillando, aunque no las veamos, recordándonos con sus “lágrimas” que somos nosotros, los humanos, los únicos responsables de nuestra propia destrucción.

¿Cuál será vuestro deseo el domingo? El mío, que las constelaciones dejen de tener motivos para llorar…


miércoles, agosto 02, 2006

Gilipollas vs Jilipoyas

“-Papá, ¿burro es con b o con v? Uhmm, -Escribe asno. -¿Con hache? -Joer niño, pon Mulo y déjame ya de tonterías…”

¿Es importante la ortografía? Si y No.

Que una persona escriba sin cometer faltas de ortografía solo demuestra una cosa: que ha estudiado gramática. No tiene nada que ver con el CI, ni con la cultura, ni con la educación…

Suele ser una táctica comúnmente utilizada en las críticas el poner en tela de juicio lo que se dice argumentando el cómo se dice: detractar la forma para así invalidar el fondo. Y ciertamente, a los que defienden esta idea, no les falta del todo la razón puesto que, al fin y al cabo, cuanto mejor te expreses, menor será la posibilidad de que seas malinterpretado. Pero, ¿hasta qué punto debemos radicalizar este argumento? ¿Quiere esto decir que aquellos que no saben ortografía son incapaces de expresar sus ideas? ¿No piensan? ¿No tienen derecho a opinar? ¿Son tontos? Los analfabetos, los niños, los extranjeros que no dominan el idioma… ¿No saben lo que dicen cuando hablan?

Ya se que pensareis que una cosa es escribir y otra hablar. Pero es que ahí es donde está la clave: las reglas de ortografía sirven para “representar” en la forma escrita todos los elementos que utilizamos en la lengua hablada. La puntuación, la acentuación, el léxico corresponden a las pausas, el tono, el énfasis, los gestos o el significado que utilizamos en la expresión oral (si no existiese, por ejemplo, la puntuación, nos asfixiaríamos –literalmente- al leer).

El objetivo de las normas ortográficas es el de reglamentar la expresión escrita para evitar, en la medida de lo posible, la ambigüedad del mensaje y facilitar la comunicación; en otras palabras, establecer un código común a todos los usuarios. La cuestión es que estas normas no aparecen de la nada (no es que los señores académicos se sienten y decidan “hoy vamos a poner como regla que se escriba un punto detrás de la palabra esternocleidomastoideo”…), tienen una razón de ser y un motivo por el que ser, aunque la mayoría de las veces esa procedencia se pierde, y los únicos capaces de reconocerla son los que se dedican a estudiar el lenguaje; para el resto de hablantes se convierten en una retahíla de reglas aprendidas de memoria en el colegio. Las utilizamos sin saber porqué debemos utilizarlas, otorgándoles el rango de “órdenes” cuando deberían ser “consejos”, y por eso nos arrogamos el derecho de discriminar a aquellos que no las obedecen, porque no saben o porque no quieren. Y olvidamos también que no todas las incorrecciones son igual de graves (no es lo mismo confundir una b y v en una palabra -ya que el contexto nos da su significado-, que utilizar mal una forma verbal cambiando el sentido de lo que escribimos), y que no todas las faltas son producto de la ignorancia (una persona nacida en zona yeísta tendrá problemas con la Y y la LL; un gallego podrá confundir V y B; un extremeño lo pasará mal con las J y H, etc.)

Es evidente que es aconsejable y necesario escribir bien (si cada uno escribiese como le diera la gana no podríamos entendernos), pero pretender crucificar intelectualmente a todo aquel que cometa una falta de ortografía me parece un despropósito: la función primordial del lenguaje es la comunicación, y si ésta se produce, si el mensaje llega, lo demás es accesorio: porque si yo digo “voy a poner el equipaje en la VACA” estoy segura de que nadie me va a visualizar atando una maleta al lomo del mamífero negro a manchas blancas ¿verdad?

Escribir bien, si, gracias… pero con sentido común y respeto.

domingo, julio 30, 2006

Hijos de Caín

Desheredados, señalados, marginados, malditos… Aquellos que alzan su voz cuando el orden establecido deja de ser derecho para pasar a ser abuso. Aquellos que dudan y se preguntan. Aquellos que se rebelan contra la crueldad. Aquellos que lloran con el sufrimiento de los demás. Aquellos que tienden la mano a los miserables. Aquellos que piensan por si mismos.

Su crimen y su castigo: pasarse la vida contracorriente.
Su redención: tener la conciencia tranquila.

Algunos pensaran que estar en el medio es la postura más cómoda, y que se significa no tomar partido. Yo no comparto su visión, es todo lo contrario: es ser capaz de caminar hacia la izquierda o la derecha buscando siempre el lado de la razón y de la justicia, de la coherencia y el sentido común. Sabiendo que los del otro lado te juzgaran, que no te comprenderán, que te llamarán traidor.

La verdad es una, pero no está siempre en la misma acera. Y en ocasiones hay que atreverse a cruzar la calle y mirar desde otro ángulo el panorama.

Tan solo aquellos que se creen en posesión de la verdad absoluta continúan en la misma dirección: tal vez porque están convencidos, tal vez porque tienen miedo de cambiar, tal vez porque no están preparados para asimilar lo que puedan encontrar.

Y no entienden que recelemos del bien y del mal a un tiempo. Que estemos del lado de todos y del de ninguno. Que seamos victimas de la incomprensión y verdugos de la injusticia. Que veamos grises donde los demás ven blanco o negro. Que queramos ser los dueños de nuestros destinos.

Marcados, solitarios… pero libres. Los hijos de Caín pertenecemos a la tierra de nadie, y nuestra única bandera es la que arropa a toda la humanidad.


sábado, julio 22, 2006

Te conozco desde siempre

Hace ya algo más de tres años que el aburrimiento y la curiosidad me empujaron a entrar por primera vez en un chat.

Unas semanas pagando la novatada y al final acabas pillando el truco y manejándote como pez en el agua, convirtiéndote en uno de los “habituales”: todo un nick hecho y derecho.

Pero ¿Qué se esconde detrás de un nick?

Durante todo este tiempo he encontrado de todo en el IRC. Gente que siempre está, gente que va y viene, gente que está de paso… Algunos que intentan aparentar lo que no son, otros que se hacen más tontos de lo que en realidad son, varios que se esconden tras máscaras, unos que se muestran al natural; los que te quieren ligar, los que se sienten solos, los que van de graciosos, los que buscan información; o los que entran sencillamente a pasar el rato y charlar con personas que tienen sus mismas aficiones o intereses.

Con el tiempo el nick deja de ser un simple apodo y se convierte en una persona, un amig@ al que cada vez vas conociendo un poquito mejor, y con el que quizás un día te llegues a encontrar cara a cara.

Aunque siempre te queda la duda de saber si no te están tomando el pelo, lo cierto es que es “relativamente fácil” conocer al chatero: basta con fijarse en como “hablamos”.

Cada vez que abrimos la boca estamos ofreciendo datos sobre nosotros, y cuanto más cuando lo hacemos desde el anonimato, convencidos de que la pantalla del ordenador protegerá nuestra intimidad. Y sin embargo, lo que se dice, a quien se dice, lo que se calla, lo que se insinúa y lo que se imagina, el tipo de lenguaje que se utiliza, los gestos en formato smileys… son como las piezas de un puzzle que con paciencia y habilidad lograremos encajar.

Por supuesto, también en ocasiones se puede fallar, y como en el famoso dibujo psicológico vemos dos perfiles negros cuando en realidad nos muestran una copa blanca. ¿Despiste por nuestra parte o estupenda interpretación del otro? Chi sà?

De lo que no me cabe ninguna duda, a estas alturas, es que el mundo virtual no se diferencia tanto del mundo “real”. Y pese a que no está nada mal sentarse cada noche frente al pc y teclear opiniones, anécdotas y risas, lo bueno es el momento en que te encuentras con ese nick, le miras a los ojos y descubres que tu puzzle encajó perfectamente, y que las palabras con voz o las risas con sonido saben infinitamente mucho mejor…



lunes, julio 17, 2006

Desolación

Hoy he visto un nuevo incendio en los alrededores de mi ciudad.
Puedo entender la fascinación por el fuego; todos nos hemos quedado embelesados alguna vez mirando las llamas de una hoguera. Lo que no puedo entender es que aquel que enciende el mechero sea capaz de mirar el paisaje que queda después sin que las lagrimas surjan...

Soy “propietaria” de una pequeña parcela; un olivar de apenas sesenta árboles del que reniego cada invierno, cuando me toca ir a recoger su producción... Y cada vez que piso esa tierra siento cómo mis pies echan raíces, tan profundas y fuertes como las de los viejos olivos que me rodean. He caminado sobre ese terreno desde que era tan pequeña, que me resultaba más fácil coger las aceitunas del suelo que arrancarlas de las ramas más bajas del olivo. No es un simple pedazo de tierra, es un ancla hecha con eslabones de recuerdos que me atan a los míos, a lo que soy y al lugar del que procedo. Mi padre cuidó de ella con mimo para que diera sus mejores frutos, como lo hizo su padre antes que él, y el padre de su padre...
Ahora es mi turno. Y se me encoge el corazón solo de pensar que un día la pueda ver devastada por las llamas.

Tras el fuego lo único que queda en la retina es una imagen de desolación y muerte.
Los recuerdos se conservan en la memoria, el esfuerzo y las ilusiones se recuperan al tiempo que la propia naturaleza se regenera... Pero lo que nunca se borra es la negra mancha que tizna el alma de aquellos que amaron la tierra quemada que contemplan... la mancha de la rabia, el miedo y el dolor.

martes, julio 11, 2006

Yo os declaro...

La visita del señor jefe de estado del Vaticano y la reunión del llamado foro de la familia me ha hecho estos días pararme a pensar.

¿Qué se supone que debe ser una “familia”? Un matrimonio católico, respetuoso de los mandamientos, bien avenido y con unos cuantos hijos educados, formales y guapos…
Estooooo… vale. ¿Y el resto?

Se debe creer el señor Benedicto que es cuestión de pasarse el domingo por la iglesia y elegir, entre los jóvenes parroquianos, al de mejor buen ver. ¿No?
Pues me da que no es tan sencillo…

Para empezar, un@ no suele elegir a quien quiere. Te topas con alguien, te gusta, le vas conociendo y cada vez te va gustando más; Un día te sorprendes pensando “a X le gustaría esto”, “si X estuviese aquí “, “voy a llamar a X para contárselo”… Y ya la “has cagado”: estás enamorad@.

Ahora viene la segunda fase. ¿Qué hacer? ¿Le sueltas a bocajarro que estas coladit@ por sus huesos? ¿Le envías pistas sutiles para que las capte? ¿Esperas que sea el otr@ quien de el primer paso?

Podéis pensar que de una u otra forma el desenlace será el mismo: si te corresponde, todos felices y a comer perdices; y si no, unas cuantas lágrimas, un periodo de luto y a otra cosa mariposa.
¡Error! Ese es, digamos, el desenlace ligth del asunto, pero fuera de la tierra de Oz de los señores de bandera amarilla la realidad es algo más complicada.

Puede que el amor de tu vida este a miles de kilómetros; puede que este comprometido; puede que sea de tu mismo sexo, o de distinta religión; puede que comparta su cariño con otros corazones; puede que las circunstancias le impidan estar contigo; puede… puede… puede…

Y cualquiera de esos puede transforma la familia “perfecta” en una familia “distinta” sin que deje por ello de ser familia. ¿Es que amas más o mejor por ponerte un vestido blanco o firmar un papel?

Luego viene la cuestión de los hijos.

¿Qué ocurre si una pareja no puede tenerlos? Si la procreación es el fin del matrimonio, ¿tendrán que dormir para los restos en camas separadas? ¿Les redimirá la fe en la esperanza del milagro del pecado de la fornicación?
¿Y los hijos adoptados? ¿Serán hijos de “segunda mano”?
O al contrario, una pareja que acierte a la primera: ¿Os imagináis a la “gran familia” en un piso de 30m cuadrados?

No sé que pensareis vosotros, pero entre los “flanders” y los “simpsons” yo me quedo con los últimos.

Hágame y hágase un favor “Paparazti”: abra los ojos y los oídos y, si lo tiene, también el corazón: la verdadera familia es la familia en la que existe el amor.

viernes, julio 07, 2006

Ese desconocido gris

Siempre me ha fascinado la mente humana.

Estoy convencida que muchos de los misterios a que nos enfrentamos dejarían de serlo si conociésemos, en su totalidad, el funcionamiento del cerebro; y del mismo modo pienso que lo que llamamos “poderes” (telepatía, clarividencia...) no son otra cosa que capacidades que aún no hemos aprendido a controlar; como sacarse el carnet de conducir: a algunos les costará más y a otros menos, pero básicamente todos podemos hacerlo.

Mover un dedo, sonreír, caminar; sentir frío, sed, dolor o deseo. Acciones cotidianas, sencillas y complejas a la par, dependiendo, en todo detalle, de las pequeñas y simpáticas neuronas... ¿No os resulta admirable?

Cada día sabemos más sobre ese desconocido gris: investigaciones con niños autistas o superdotados; diagnósticos sobre daños cerebrales; estudios sobre la corteza cerebral o los hemisferios; localización de los sentimientos o las sensaciones; teorías sobre la organización y estructuración del conocimiento. Todo un enorme universo por desentrañar.

Yo seguiré entusiasmada cada nueva noticia, avance o descubrimiento sobre este tema. Porque, al fin y al cabo, es gracias a nuestro cerebro que conocemos la realidad del mundo que nos rodea ¿y qué mejor manera de conocer esa realidad que aprendiendo el funcionamiento del instrumento a través del cual la percibimos?

Os dejo un texto referido al tema:

EL PODER DE LA MENTE Y LA BÚSQUEDA DEL ALMA
Un equipo de científicos de primer nivel de la Universidad de Princeton puede estar a punto de haceruno de los descubrimientos más importantes y trascendentes de todos los tiempos. Gracias a unosordenadores especiales están logrando captar que existe una conciencia global que uniría a todos los habitantes del planeta. Según esta investigación que podría concluir en menos de una década, cada uno de nosotros sería una neurona de una mente única. La mente es la medicina del futuro. Numerosos especialistas están descubriendo que el poder delpensamiento sobre el cuerpo es mucho más poderoso de lo que se imaginaba hasta ahora. A esta conclusión están llegando varios equipos de científicos que trabajan intencionadamente con fármacos falsos… Y funciona, ¿por qué? El secreto parece estar en nosotros mismos. En El día de mañana se presenta el trabajo de un investigador británico que está demostrando bajo condiciones de control muy rigurosas y científicas que la telepatía no es ni un mito ni una desvarío de pseudocientíficos. Al contrario: muy pronto podría demostrarse que poseemos un sexto sentido gracias al cual podríamos percibir informaciones que de otra forma sería imposible captar. En el año 2009 se llevará a cabo un experimento único: se implantará en un paciente una extremidad artificial con la cual podrá operar únicamente gracias a las órdenes de su mente. Si la operación culmina con éxito, será la primera prueba que demuestre que somoscapaces de comunicarnos mentalmente con las máquinas. Una realidad que abrirá las puertas a un desarrollo tecnológico fascinante. Recientes descubrimientos parecen demostrar que las creencias tienen una base biológica. Estos hallazgoscertifican que los presuntos atributos del “alma” están ubicados en una parte concreta de nuestrocerebro. A partir de ahí se abre un campo de estudio fascinante que incluso ha interesado a los servicios secretos de los países más poderosos. Lo inquietante es que esa parte del cerebro se podría convertir en la llave que abra las puertas a una nueva forma de percepción. Médicos y cirujanos están trabajando en una serie de investigaciones que demostrarían que la conciencia está separada de nuestra mente. Si lo logran demostrar –y dicen que eso podría ser entre los años 2010 y 2015– podría ser el primer paso para averiguar si la creencia en la superviviencia de “algo” tras la muerte tiene fundamento real.

Bruno Cardeñosa, El día de Mañana. Incógnitas del futuro

domingo, julio 02, 2006

En el nombre de ¿quien?

“A tu descendencia doy esta tierra, desde el torrente de Egipto hasta el gran río, el Éufrates: quineos, quineceos, cadmeneos, jeveos, fereceos,refaítas, amorreos, cananeos, guergueseos, y jebuseos”
Génesis 15,18-21


Por culpa de estas palabras en la “tierra prometida” llevan siglos muriendo y matando.

Y yo me pregunto ¿no podía Yavhe haberles dado un rinconcito en otro lado? Porque dado que es omnisciente sabría lo que iba a pasar, y puesto que también es omnipotente, no le habría resultado difícil encontrar otra tierra menos conflictiva… ¿no?

Tendría su gracia sino fuera por la cantidad de lágrimas y sangre vertidas de un lado y de otro; Y tiene menos gracia aún si una se para a pensar que pese a las promesas de paz que nos venden, allí no da su brazo a torcer “ni dios”.

Durante años, los judíos, gracias a Hitler y sus amiguitos, fueron los desventurados, los llamados a lástima; ahora parece que las cosas han cambiado, y las víctimas se han convertido en verdugos. ¿Ha olvidado el pueblo de Israel su historia? O tal vez sea precisamente porque la recuerdan que tratan de vengar su frustración y su rencor en el pueblo palestino.
Torturados ayer por su creencia, torturadores hoy por un trozo de tierra.

¿Cómo podemos ser tan arrogantemente tontos los humanos?

Ni credo, ni religión, ni patria, ni nación. Sólo existe una posesión que valga la pena: la vida. Y aún nos permitimos el lujo de perderla… en el nombre de NADIE.

martes, junio 27, 2006

Por una sonrisa, un mundo

África. No sé si es, como se dice, el lugar donde nació la vida; pero si sé, que a día de hoy es el lugar donde se sigue peleando por ella.
La ley del más fuerte impera bajo las puestas de sol ardiente: el león que se abalanza sobre la gacela, el cazador que abate a tiros al león, el cocodrilo que devora entre sus fauces al cazador imprudente… La vida y la muerte: cara y cruz de la misma moneda. Y entre medias, la lucha por la supervivencia.
No estoy segura de hasta que punto la llegada de los europeos a los poblados africanos fue una suerte o una desgracia. Supongo, que como todo, hubo cosas buenas y cosas malas en la colonización.
El resultado es que mientras que nosotros nos preocupamos por hacer apuestas sobre quien ganará el mundial, en las aldeas del continente negro la apuesta está en saber cuantos hijos alcanzarán sanos y salvos la edad adulta.
Y no deja de temblarme el alma de rabia y de pena, cuando contemplo cómo allí, y en otros muchos lugares de este malhadado planeta, la situación de miseria, hambre y enfermedad pone una azada o un fusil en las manos de un niño, convirtiéndolos en mini adultos cargados con el peso de una responsabilidad que no deberían conocer.
Hay mil maneras de ayudar, aunque reconozco que no siempre uno puede ofrecer lo que no tiene, si queremos, basta un poco de voluntad para encontrar la que mejor nos resulte. Y aunque podamos salvar a un niño, a dos, a tres… ¿cuántos “salvadores” harían falta?
“Si le das a un hambriento un pez, saciarás su hambre un día; si le enseñas a pescar, saciarás su hambre para toda la vida”
No, no se trata de salvar a unos cuantos, sino de salvarlos a todos ofreciéndoles un futuro mejor, en el que ya no necesiten ayuda.

¿Sabéis, acaso, de algo más hermoso que la sonrisa de un pequeño? Yo no

sábado, junio 24, 2006

Más allá...


Hay un proverbio que dice “Si un problema tiene solución, porqué preocuparse; y si no la tiene, para qué preocuparse”. Con lo del “más allá” pasa lo mismo: si existe algo después de la muerte lo sabremos cuando pasemos, si no lo hay no habrá nada que saber...

Todos los seres humanos se han hecho, al menos una vez en la vida, esta pregunta ¿Hay vida después de morir?.
Yo me lo he preguntado, muchas veces, y pese a que el resultado final de mis reflexiones ha ido variando al hilo de mis convicciones, confieso que la balanza de la respuesta se inclina hacia el no. ¿Porqué? Por una “tonta” razón: si yo me muriese y encontrase algo al otro lado me daría de leches por volver a contarlo... Conociendo al resto de mi especie, creo que cualquiera haría lo mismo, y sin embargo no he conocido aún a nadie que lo haya hecho.

Y me diréis, eso no se sabe, existen las psicofonías, los polstergeist, los fantasmas, y todas esas manifestaciones paranormales susceptibles de ser tomadas como mensajes de los muertos. El problema es que nada nos demuestra que lo sean. Habéis escuchado alguna vez algo del tipo “hola, soy M.F.G., con DNI número tal; fallecí en accidente el día tal, y he vuelto para contar lo que hay después” ¿? Yo, desde luego, no, y me parece que un testimonio así no pasaría desapercibido. Claro que también podría ser que “algo” impidiese volver, lo cual nos llevaría a la otra Gran Pregunta, que dejaremos para otro día...

Volviendo a la cuestión inicial, existe una segunda posibilidad: la de que perdamos el “equipaje” al pasar al otro lado. Pero si dejamos atrás la conciencia de ser, los recuerdos, las vivencias... ¿qué queda del ser que fuimos? ¿No es, acaso, todo eso lo que nos conforma como únicos, lo que individualiza nuestra alma, espíritu, esencia o como queráis llamarlo? ¿No deberíamos rebautizar en este caso el más allá como “nuevo allá”? Con lo cual, la respuesta sigue siendo NO: no hay vida después de, sino otra vida, diferente, distinta y sin ningún puente o nexo de conexión con la anterior.

En cualquier caso, mientras no encontremos pruebas claras y contundentes, me temo que estamos condenados a naufragar en un océano de dudas, rodeados de espejismos de barcos que vienen a salvarnos, y sin otra opción que esperar a alcanzar la orilla para explorar la nueva tierra.

Yo sé que seguiré haciéndome la misma pregunta, y que muchos más se la harán... Pero, aunque mi curiosidad es grande, mi paciencia es casi infinita, y ¿sabéis qué? No tengo ninguna prisa por averiguar la respuesta...

sábado, junio 17, 2006

¿Soles o solos?

En la iglesia, los novios ante el altar y el cura diciendo aquello de “María, quieres a Juan por esposo, para amarlo…” Y una voz que se escucha: “Y si no lo quiere para mí”

Hay personas que parece que han hecho de ese “y sino para mi” su ley de vida.

Su objetivo, captar la atención. Están siempre, en todo lugar, en primera fila, atentos a cada detalle, esperando un resquicio por el que colarse y subirse a lo más alto, para ser vistos por todos.

“Seres perfectos, envidiados e incomprendidos rodeados de manadas de hienas dispuestas a atacar”. Nunca se equivocan, eres tú, y los cien mil que ven lo mismo que tu, quienes yerran; No se dan por aludidos, es uno mismo quien los nombra (en clave, eso si) cuando habla de la reproducción asistida del calamar enano de tentáculos rosa fluorescente; Tampoco es que falten al respeto a nadie, ni mucho menos, es que tratan de ilustrar a los seres inferiores que pululan por el universo, los fallos cometidos en seguimiento de las hordas del mal y la confusión.

Si, reconozco que a veces dan ganas de decirles que se bajen del burro y aterricen en el planeta tierra. Pero da igual, no sirve de nada y tampoco es que merezca mucho el esfuerzo, porque al final sucede siempre lo mismo:

Un padre a unos metros de su hijo “Niño, ven aquí”. El niño no se mueve. El padre da un paso “Que vengas aquí”. El hijo permanece quieto. Tres pasos y amenazas más del padre, y el niño sigue sin mover un músculo. Un paso final del padre “Así me gusta, que vengas cuando te lo ordeno”

Pues nada, si de ese modo son felices, bien por ellos. Pero que no se empeñen en subirme a mí también al burro ¡coño! Que me da vértigo…

miércoles, junio 14, 2006

Una visión del pasado

"Ni siquiera la fina lluvia que caía había logrado sofocar los incendios que se propagaban por toda la ciudad. El olor a muerte y destrucción se extendía por todos lados, impregnando el aire como si de un mal perfume barato se tratase.

En las calles del centro, junto a la catedral, y en las inmediaciones de la gran puerta forjada, de la que poco quedaba ya, se escuchaba aún el bullicio de la batalla. Los soldados, ebrios del fragor de la lucha, arremetían con furia contra todo lo que se interpusiese en su camino: el saqueo había comenzado.

Al otro lado, en las zonas más apartadas, el silencio se podía oír. En el adarve vacío, la luz de las escasas antorchas producía extrañas sombras en los muros de piedra.

Y con el crepúsculo, un tintineo metálico rompe la quietud: un soldado, probablemente despistado, deambula buscando a sus compañeros. Camina despacio, mirando a todas partes, la espada en la mano y el gesto cansado y huraño. “¿Qué ha sido eso?” Un sollozo apagado... No puede ser, la calle está completamente desierta, han huido todos; Y sin embargo... sí, ahí está otra vez; El joven guerrero, con más curiosidad que miedo, se acerca al rincón de la muralla de donde procede el ruido. Incrédulo, no puede entender lo que ve: desde una grieta, de apenas una anchura para que pueda entrar su brazo armado, unos pequeños ojos le miran con temor. Y el terror que no había hecho acto de presencia durante el día, mientras hundía su acero en las entrañas de sus enemigos, le sube ahora a la garganta ahogando un grito. Tras unos momentos de indecisión alarga su mano hacía el hueco, murmurando palabras tranquilizantes con una voz ronca.

Un ruido a sus espaldas...

Y la magia se rompió despertándome de mi ensoñación; me volví avergonzada hacia los dos turistas que me miraban extrañados. Tenía el brazo extendido, mis dedos apenas rozando la muralla. Seguía lloviendo, pero no había incendios que apagar; la única nota de muerte la ponía un cuervo que me contemplaba burlón desde una almena, con dos ojos negros... tan profundos y negros como los de aquella pequeña mozárabe escondida en la grieta –hace siglos reparada- de aquél oscuro rincón de la ciudad medieval"
Este texto inaugura la sección Relatos de una nueva web que os quiero recomendar.
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viernes, junio 09, 2006

Niña, dame tu mano

“Tú, gitana que adivinas, dímelo, pues no lo sé.
Si saldré de esta aventura, o si en ella moriré.
O si en ella pierdo la vida, o si en ella triunfaré.
Tú, gitana que adivinas, dímelo, pues no lo sé.”


No estaría mal conocer el futuro. Saber si tendrás una vida larga, si esa persona con la que sueñas dormirá a tu lado, si el trabajo que acabas de encontrar te durará hasta tu jubilación…

Cuando dejamos que alguien nos lea la mano lo hacemos con la esperanza de que su visión sea positiva: queremos que nos diga que seremos felices, tendremos éxito y nos amaran locamente. En cambio, si nos dicen que seremos unos desgraciados, nuestro mecanismo de autodefensa nos hará escepticos ante la bola de cristal.

Pero, supongamos que nos advierten de algo que acaba cumpliéndose. ¿Ha acertado la gitana? ¿O es uno mismo quien, de alguna manera, ha hecho que la predicción se cumpla?

“Si deseas algo con la suficiente intensidad, el universo entero conspirará para que lo consigas” Uhmm, dicho así, parece absurdo ¿no? ¿Y si lo cambiamos por “si tienes fuerza de voluntad y constancia tus proyectos saldrán adelante, porque serás capaz de enfrentar y superar los problemas que se te presenten”?

Buscas trabajo, y preguntas a las cartas: si las cartas dicen SI, convencidos de que lo conseguiremos nos presentaremos a cuantas ofertas caigan en nuestras manos; si las cartas dicen NO, probablemente pensemos que nada de lo que hagamos va a servir, y nos quedaremos quietos.
Buscas trabajo, y no crees en las artes adivinatorias: lo intentas una y otra vez, hasta conseguirlo; te desanimas y te rindes al primer contratiempo.

La diferencia, a primera vista, radica en que sean otros, o seas tu quien labra ese futuro; pero en el fondo es lo mismo. Escrito o por escribir, conocido o por descubrir, lo que importa es que tú eres el personaje principal y tienes poder para decidir como quieres que sea tu libro. Y siempre puedes elegir si prefieres que narren tu historia, o ser tu propio narrador.

Si el futuro que tienes escrito no te gusta, rescríbelo.