lunes, febrero 19, 2007

Tres,dos,uno... Bienvenido al año 2013


Siglo XXI. Ordenadores, teléfonos móviles, satélites, clonación, GPS... años y años de progreso y civilización; y seguimos encogiéndonos cuando escuchamos el trueno en la tormenta, por muy "valientes" que nos mostremos.

¿Es ese miedo instintivo una herencia que nos dejó nuestro antepasado, el hombre primitivo? ¿ O es una aceptación tácita de lo insignificante que somos ante la Madre Naturaleza?
Aprendimos a dominar el fuego, canalizar las aguas, horadar las montañas, controlar la energía;Pero ¿quien se atreve a parar la erupción de un volcán, impedir un terremoto, o hacer frente a un huracán?

2012: Es la fecha en la que se supone el fin del mundo. Y para muchos ese final vendrá de la mano de una Tierra enojada con el parásito que ha sido para ella el hombre. Para otros será la propia ambición y estupidez de la raza humana la que acabe con la especie, dejando tras de sí un Planeta arrasado y sin rastro de vida.
¿Aparecerá en esa fecha el antivirus que desinfecte y elimine el virus "homo inteligente", o seguiremos siendo el troyano de la destrucción?

Y resuenan, como voces que claman en el desierto, las advertencias de agoreros y profetas del futuro: ¡Arrepentios! ¡Preparaos!

Puede que si, tal vez el ser humano deba arrepentirse por no haber sabido o querido cuidar del mundo en el que habita; quizá ha llegado el momento de prestarle un poquito más de atención...

No podría saber lo que sucederá dentro de cinco años cuando, ni siquiera, puedo estar segura de que veamos un nuevo amanecer. Pero hay algo que sí sé, y es que el futuro no está escrito, o lo está en forma de infinitas posibilidades, lo cual nos deja abierta una vía para que intentemos hacer de él aquello que queramos.

Y es que, si te preocupa el Mañana, empieza a trabajar el Hoy, sin perder de vista los aciertos y los fallos del Ayer.





martes, febrero 13, 2007

Amor... ¿dulce? amor

Pues a tono con el día, un texto que siempre me gustó...

Aquellos que lo tenéis, ¡cuidadlo!


Leyenda de los sentimientos

Cuenta la leyenda que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso:
-¿jugamos al escondite?
La INTRIGA levantó la cara intrigada, y la CURIOSIDAD sin poder contenerse preguntó:
-¿al escondite? ¿Y cómo es eso?
Es un juego - explicó la LOCURA - en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego.
El ENTUSIASMO se halló secundado por la EUFORIA. La ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a la DUDA, e incluso a la APATÍA a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La VERDAD prefirió no esconderse; ¿Para qué? si al final siempre le fallaban y la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo, lo que le molestaba era que la idea no había sido suya), y la COBARDÍA prefirió no arriesgarse...
Uno, dos, tres... comenzó a contar la LOCURA.
La primera en esconderse fue la PEREZA, que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La FE subió al cielo, y la ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse; cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: ¿que si un lago cristalino? ¡Hay ideal para la BELLEZA! ; ¿que si la rendija de un árbol? ¡Perfecto para la TIMIDEZ!; ¿que si el vuelo de una mariposa? ¡Lo mejor para la VOLUPTUOSIDAD!; ¿que si una ráfaga de viento? ¡Magnífico para la LIBERTAD! Así que termino por ocultarse en un rayito de sol, el EGOÍSMO, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... eso sí, sólo para él.
La MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (¡mentira, en realidad se escondió detrás del arcoiris), y la PASIÓN y el DESEO en el centro de los volcanes, el OLVIDO... ¡se me olvidó donde se escondió!... pero no es lo importante.
Cuando la LOCURA contaba 999999 el AMOR aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y, enternecido decidió esconderse entre sus flores.
-¡Un millón!- contó la LOCURA y comenzó a buscar.
La primera en aparecer fue la PEREZA, sólo a tres pasos de la piedra. Después escuchó a la FE discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología, y a la PASIÓN y al DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a la ENVIDIA, y claro, pudo deducir donde estaba el TRIUNFO. Al EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo; él solito salió desesperado de su escondite que había
resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la BELLEZA. Y con la DUDA resulto más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún en que lado esconderse.
Así fue encontrando a todos: el TALENTO entre la hierba fresca, la ANGUSTIA en una oscura cueva, la MENTIRA detrás del arcoiris... (¡mentira, sí ella estaba en el fondo del océano!), y hasta el OLVIDO, al que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite.
Pero solo el AMOR no aparecía por ningún sitio.
La LOCURA buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba apunto de darse por vencida, divisó un rosal y las rosas... Y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos al AMOR, la LOCURA no sabía que hacer para disculparse; lloró, rogó, imploró, pidió perdón, y hasta prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra,

EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE, SIEMPRE, LE ACOMPAÑA.

jueves, enero 25, 2007

Caos


... En ocasiones, llenamos con tantos pensamientos la habitación de la mente, que nos resulta imposible encontrar un sendero por el que transitar a través de ella ...

lunes, enero 08, 2007

Corazon creyente, cerebro crítico


Emocionalmente creyente y racionalmente escéptica.


Creyente porque sigo pensando en una cierta magia que solemos llamar suerte, azar, o providencia; porque aunque continúo modelando paso a paso a mi propio dios, pienso que hay en cada uno de nosotros una semilla de espiritualidad que nos impulsa a preguntarnos el porqué y para qué de nuestro existir; porque pese a que aún dudo que haya un mas allá, estoy convencida de que los que se van siguen estando presentes de alguna forma, aunque sea en la memoria de los seres, lugares y objetos que los vieron pasar...


Escéptica porque busco respuestas, usando para ello la lógica, el método y los conocimientos científicos que poseo a mi alcance; porque no me conformo con mirar la superficie si hay un fondo en el que hurgar; porque no me convence la apariencia fácil sino la realidad aunque sea relativa...

La curiosidad en mi es una necesidad: mis ojos miran el mundo tratando siempre de comprender. A veces lo consigo, otras no. Las respuestas que se escapan se convierten en retos pendientes; las dudas resueltas me dirigen hacia nuevas preguntas haciéndome avanzar. Pero la comprensión nunca me deja indiferente y el conocimiento, doloroso o no, no resta el valor ni la admiración o la decepción de lo conocido.


¿No es una maravilla contemplar la perfección de los pequeños detalles de un recién nacido por mucho que sepamos como se ha concebido y gestado? ¿Son menos hermosas las estrellas si sabemos su nombre o de qué están hechas? ¿Perdemos el miedo innato a lo desconocido cuando no creemos en fantasmas? ¿No nos salen las cosas bien y mal sea o no por azar?


En la estación del misterio, la creencia y el escepticismo son dos soluciones que se nos ofrecen ante las interrogaciones del camino, pero entre ellas existe todo un pasillo lleno de puertas entreabiertas que conducen a diferentes destinos...

Y bien... que cada cual, según le convenga, escoja su salida.

sábado, enero 06, 2007

Virgencita que me quede como estoy

Comienza un nuevo año... nuevos propósitos, nuevo trabajo, nuevo proyecto, nuevo amor ¿quizás?

Pasamos la vida deseando los cambios: los que viven en el interior desean ver el mar; los de costa ni siquiera miran la playa; añoramos la nieve en verano y buscamos el sol del invierno; nos quejamos del mal tiempo del otoño y lamentamos la ausencia de las lluvias en primavera; nos afanamos en arañar un minuto al fichar en el trabajo y no sabemos muy bien que hacer con nuestro tiempo libre cuando lo tenemos...

El caso es no estar conforme con lo que tenemos: dejamos de sorprendernos ante la inmensidad del océano, olvidamos admirar el paisaje de los campos de cereal de la meseta, no disfrutamos del sabor de los frutos secos ni nos alegramos con la explosión del renacer de la naturaleza...

Y cuando los cambios llegan... Nos asustamos. ¿Saldrá bien? ¿Hice lo correcto? ¿Y si...? Porque no siempre las cosas salen como uno espera o le gustaría, y es ese miedo a lo que pueda pasar lo que nos hace desear desde la inmovilidad, queriendo avanzar sin atreverse a dar el paso...

"Toda la vida esperando que pase algo, y lo único que pasa es la vida... "

Tal vez solo sea cuestión de recrearnos con el calor de nuestro hogar... y dejar la puerta abierta y un buen café preparado para recibir lo que pueda entrar.

viernes, diciembre 22, 2006

Doce uvas, doce deseos...


1º Campanada: Que israelíes y palestinos dejen de matarse entre ellos y aprendan a convivir en la misma tierra. Al igual que todos aquellos que se enfrentan en las absurdas guerras.

2ª Campanada: Que, respetando la memoria de los que murieron, las negociaciones con terroristas lleguen a puerto, para que no debamos llorar a nadie más.

3ª Campanada: Que la riqueza, la abundancia y la saciedad se impongan a la pobreza, la miseria y el hambre.

4ª Campanada: Que los violentos descubran que una sonrisa puede mil veces más que una bofetada.

5ª Campanada: Que se encuentre la cura al cáncer, sida, y todas las enfermedades que hacen sufrir al hombre, para que tengamos una mejor calidad de la efímera vida que nos ha tocado.

6ª Campanada: Que la diversidad sea un motivo para unirnos y tolerarnos, y no una excusa para la discriminación.

7ª Campanada: Que los gobernantes luchen por ofrecernos lo que todos necesitamos. Un trabajo digno y un techo que nos cobije.

8ª Campanada: Que cada uno de nosotros enseñe a su hijo a amar la libertad, respetar a los demás y valorar el amor como el mejor tesoro.

9ª Campanada: Que los niños se dediquen a ser niños con un único trabajo ¡jugar!

10ª Campanada: Que seamos capaces de reconocer nuestros errores, pedir perdón y agradecer lo que tenemos.

11ª Campanada: Que la madre tierra sea compasiva con sus hijos y no castigue nuestra estupidez con catástrofes; y que los hijos aprendamos a cuidar y proteger a esta madre.

12ª Campanada: Que no pierdas nunca la ilusión de tus sueños, la meta de tu camino, la sonrisa de tu espejo, ni el latir de tu corazón.

¡¡¡¡ FELICES FIESTAS!!!!









¡uys! Estas debajo del muérdago MUUUAAACK

martes, diciembre 12, 2006

¡Feliz solsticio de invierno!

Las autoridades ateas advierten que el abuso de la Navidad puede producir determinados efectos: excesos alimentarios, resacas incontroladas, noñeria generalizada, ulceras de bolsillos, tarjetacredialgia, hipocresitis aguda, ataques de consumismotemia, alucinaciones ornamentales, síndrome de peleasfamiliarex, etc.

Si usted siente algunos de estos síntomas… ¡vayase al Tibet!

Ya estamos en Navidad… Lo dicen las lucecitas de colores de las calles, los niños cantores de Viena que suenan en las tiendas, los fabricantes de turrones y polvorones, los productores de cavas, y hasta cierto asturiano con gaita…

Y de repente nos vemos invadidos por Belenes que brotan como champiñones, arbolitos por doquier, papas noeles en cada esquina, y carteles de cotillón con barra libre, gorrito y matasuegras.

Que conste que no tengo nada en contra de las navidades… como no tengo nada en contra del Januka, el Ramadán, o los ritos Higan.

Lo curioso es que todavía nadie me ha obligado a encender un candelabro, ayunar o bañarme en un río para purificarme. Y no, tampoco me han llevado a la Misa del Gallo a la fuerza, pero casi…

Parece que si no adornas tu casa, te comes las uvas y les escribes la cartita a los Reyes Magos eres un espécimen raro y peligroso.
Y hagas lo que hagas no te puedes esconder: o celebras la navidad, o la celebras. Es decir, te tragas los puestos navideños, los villancicos, los petardos, las películas de milagros, y las campanadas, eso si, con champán.

A no ser que seas el feliz propietario de un bunker, tengas una cuenta corriente que te permita huir a siberia o te transformes en un oso capaz de hibernar desde primeros de diciembre a mediados de enero…

En fin, pues nada, seré una perfecta ciudadana de un país “aconfesional” y os felicitaré la Navidad
(Si si, ya sé que es algo pronto para eso, pero ¡qué demonios!, si el “tajo del Reino Unido" la empieza a anunciar en septiembre… ¿no voy a poder yo felicitaros con una semana de antelación?)

Lo dicho, que seáis felices y se cumplan vuestros deseos… pero que os suceda cada día, de cada mes, de cada año que dure vuestra vida.

sábado, noviembre 25, 2006

La maté porque era mia...

Hoy es el día “contra la violencia de género”

Pasaremos por alto el absurdo detalle de tener que alegrarse o lamentar un determinado hecho, en un determinado día, de un determinado mes… como si el resto del año no tuviésemos sentimientos sobre el particular.

Ante un caso de violencia, a priori, todos reaccionamos con palabras de condena…. Y dos minutos después le espetamos al niño que “o se calla o se gana una ostia”; o le decimos al tío que ha celebrado el gol del equipo contrario que “acabaremos dándoles pal pelo”; o le soltamos un “hijo de la gran puta” al conductor del coche que nos acaba de adelantar.

Y lo terrible es que lo hacemos sin darnos cuenta.

Cuando una ve que han maltratado, o matado, a una mujer siente un torbellino de emociones: pena, miedo, ira, frustración, y el peor de todos, resignación.

Pena por el ser humano y su familia. Miedo cuando piensas que tú puedes ser también una victima. Ira contra el asesino, ladrón de vidas y dador de sufrimiento. Frustración porque nada de lo que puedas decir o hacer conseguirá que se levante del cementerio ninguna de las que ya están en el. Resignación porque comprendes que tus gritos no acallarán las palabras de odio del que maltrata, ni tus lágrimas lavarán la sangre derramada: Por mucho que nos duela, seguirá habiendo hombres que matan a sus mujeres, e incluso mujeres que maten a sus hombres.

“SUS”. Esa es la base del problema. Nuestro sentido de la posesión y nuestro egoísmo lo estructura todo entre “me pertenece/no me pertenece”. Mi ciudad, mi casa, mi PC… mi familia, mis amigos. Y cómo son de mi propiedad, hago con ellos lo que me da la gana.

Pero es que ni tu mujer, ni tu hijo, ni tu padre, ni tu amigo son “tuyos”. O lo son en la misma proporción que pueden ser hermano, tío, novio, o vecino de los otros. En otras palabras, no son de tu exclusividad, igual que tu no lo eres de la de ellos: porque no son objetos.

Cuando dejamos de usar el posesivo como un mero elemento lingüístico; cuando en lugar de recibir y aceptar, exigimos y ordenamos; cuando dejamos de entender que nuestro amigo puede ser a la vez amigo de nuestros enemigos; cuando dejamos de ver a nuestra pareja como un ser humano que se nos entrega por decisión propia; cuando, en definitiva, traspasamos la línea de nuestra libertad invadiendo la de los demás, es cuando llega la tragedia…

Y perdemos todo lo que tenemos de humanidad para convertirnos en simples y detestables animales. O peor aún...

sábado, noviembre 11, 2006

Ser y parecer

Conocéis la fábula del pastor y el lobo:

“Un joven pastor al que le gustaba gastar bromas a sus amigos; pasaba su tiempo a solas en el monte cuidando de sus ovejas y maquinando travesuras con las que sorprender a sus compañeros. Un día se le ocurrió una treta para asustar al resto de pastores; salió corriendo gritando como un loco ¡Un lobo, un lobo! Mis ovejas han sido atacadas por un lobo… Los pastores, conocedores del peligro que la presencia del depredador suponía para sus rebaños, no se lo pensaron dos veces, y abandonando sus propios animales, se armaron y se lanzaron monte arriba para dar caza al animal, guiados por el pastorcillo… Cuando llegaron al lugar, observaron atónitos como las ovejas pacían tranquilamente ajenas al alboroto. Y al girarse para interrogar al joven pastor se lo encontraron retorciéndose de risa en la hierba. Pasaron algunas semanas y todo siguió su curso. De repente, una mañana, el pastor volvió a aparecer gritando que venía el lobo; los pastores, escamados, se miraron unos a otros, pero la amenaza era demasiado seria y no podían dejarla pasar, así que nuevamente corrieron, y nuevamente cayeron en la burla. La broma se repitió un par de veces más, pues el astuto muchacho encontraba siempre la manera de engañar a los cada vez más reticentes pastores. Pero, ¡ay!, una mañana, el lobo se presentó de verdad: el jovencito realmente asustado corrió para pedir ayuda a sus vecinos y estos, hartos ya de la mentira, le dieron la espalda murmurando. El pastor lloró, pataleó, juró que esta vez era cierto, pero nadie le hizo caso… y el lobo acabó con todo su rebaño.
El joven comprendió que la mentira le había costado un alto precio, y arrepentido jamás volvió a contar un embuste.”

Todos mentimos alguna vez, por alguna circunstancia, y el que diga lo contrario ¡miente! Pero una cosa es disfrazar, ocultar o manipular un determinado hecho con un fin esporádico y otra, muy distinta, hacer de nuestra vida una sucesión de embustes para acabar transformando lo que nos rodea en un mundo ficticio donde nada es lo que se muestra.

Y el peligro, no está en que los demás se crean nuestras mentiras y la verdad acabe por salir dejándonos en evidencia; el verdadero peligro aparece cuando nosotros mismos nos las creemos, porque en ese momento perdemos la capacidad de distinguir entre realidad y ficción, y acabamos desorientados en un laberinto de apariencias del que nunca lograremos salir.

Una mentira piadosa puede traducirse como un acto de amor; quitarnos algún que otro año del DNI no deja de ser una muestra de coquetería; ponerle los cuernos al marido implica ya una voluntad deliberada en ocultar una verdad; reinventarte a ti mismo como la persona que no eres, atribuyéndote cualidades, conocimientos o características que no posees, revela la medida de tu autoestima y el miedo que le tienes al espejo.

Nadie es perfecto, no nacemos sabiendo, no existe una fórmula de la felicidad total, un elixir de la juventud, una belleza absoluta, o un poder atemporal: todos poseemos o carecemos de los mismos atributos humanos en mayor o menor medida. ¿Por qué entonces tenemos tanto miedo de ser como somos? ¿Qué nos hace desear lo que tienen los otros y despreciar lo nuestro?

Quizás sea la aceptación implícita de que la preeminencia de esas cualidades no depende de ellas mismas, sino del valor que les otorgamos en la sociedad: un valor que nosotros hemos asignado y por el cual aquellos que poseen los primeros atributos de la lista son los que triunfan.

El problema se presenta cuando nos fijamos en que no siempre la escala de valores individual coincide con la social.

Y ahí esta el dilema: ¿caminar vestidos con nuestros principios, enfrentándonos al posible rechazo e indiferencia, o vestirnos con el traje de la mentira para llegar hasta el altar del escurridizo éxito social?

domingo, noviembre 05, 2006

La Pared de la Cueva

La verja debería haber estado cerrada. Siempre lo estaba desde que el equipo de expertos decidió que el tesoro arqueológico que allí se guardaba era digno de protegerse. ¿Dónde estaba el guarda?

Sabía que no debía entrar. Si la encontraban allí se comería un buen marrón… Pero sentía en su interior que algo no iba bien y, después de todo, ella no era una visitante cualquiera: se trataba de su cueva. La conocía desde pequeña; había contemplado su entrada cientos de veces, cuando la monotonía de sus tardes escolares la empujaba a volver la mirada hacia la ventana que custodiaba su pupitre. Y, por supuesto, conocía su interior: las visitas al público se suspendieron mucho después de aquella excursión con su clase… Aún recordaba el moratón que se ganó por no estar atenta a las indicaciones de la profesora. Y sentía, como si hubiese sido ayer, la emoción que la embargó cuando el peso de la profundidad cayó sobre ella, al saberse bajo tierra. Ahora podía oler, asomada a la puerta de metal negro, el mismo “perfume” a tierra mojada, vejez y quietud que sintió aquel día.

“Echaré un vistazo solo a la primera sala…” ¿Qué fue eso? No era posible, aquello había sido un sueño de niña asustada, una invención nacida del miedo y su desbocada imaginación. Y sin embargo, ahí estaba de nuevo, treinta años después…

- “Se está despertando señor” – “Dadle otra dosis. Aún nos queda mucho para llegar a la ciudad interior” –“No entiendo porqué nos la llevamos. No nos ha visto ¿verdad?” –“Tal vez si, tal vez no… Pero no podemos permitirnos la duda. Y de todas formas, su destino ya fue decidido hace años, cuando su curiosidad infantil la llevó a fijarse en la pared de la cueva donde aquél día me escondía yo. No hay discusión: nunca volverá a ver la luz del sol…”

sábado, octubre 21, 2006

Sumando verdades, restando mentiras...

No deja de sorprenderme la arrogante capacidad que tiene el ser humano para creerse el centro del universo y convertirse a si mismo en la medida de todas las cosas.

Supongo que es lo lógico, pero no se si os habéis fijado en que pensamos siempre en términos relativos a nuestro paso por el mundo: cuando miramos al pasado o al futuro lo hacemos con la perspectiva de nuestro presente. Criticamos por ejemplo el trato a la mujer en la edad media desde nuestra sociedad de igualdad de géneros o derrochamos los recursos naturales sin tener en cuenta las generaciones del mañana, sin pararnos a pensar cual seria la opinión de esas mujeres en el medioevo o de que van a vivir nuestros nietos…

Y del mismo modo, admitimos o no la posibilidad de ciertas cosas basándonos en nuestros conocimientos actuales. Si esos conocimientos dicen que algo no pudo hacerse en el pasado, automáticamente negamos que fuese hecho o buscamos un “agente exterior” cuando la evidencia muestra que si se hizo; si nos encontramos con algo imposible según la ciencia, automáticamente negamos que exista o lo achacamos a una “equivocación” de nuestras percepciones. Pero, ¿y si hubo una forma de hacerlo que se perdió en el tiempo?, ¿y si resulta que la ciencia aun no ha encontrado todas las explicaciones posibles?

Sin embargo, nos atrevemos a negar o afirmar tajantemente algo, sin fijarnos en que la ciencia, o el conocimiento en general, es un ente “vivo” que como todo ser tiene un pasado, presente y futuro, y que no se puede juzgar uno solo de esos momentos sin tener en cuenta las implicaciones de los otros dos.

No podemos desplazarnos al pasado y contarle al señor feudal que sus campesinos tienen los mismos derechos que él, porque eso es algo que hemos aprendido y asimilado gracias a una serie de hechos sucedidos que nos lo han mostrado; y tampoco podemos visionar el futuro sin llevar con nosotros la capacidad para imaginar y aceptar lo que nos encontremos porque, de no ser así, nos quedaríamos varados.

En otras palabras, no podemos ir al 1 desde el 3 saltándonos el 2; ni alcanzar el 5 sin haber pasado antes por el 4. Solo si tuviésemos en nuestras manos la progresión completa del 0 al 9 podríamos atrevernos a contar, pero como siempre habrá un número más que añadir a la cuenta más nos valiera que fuésemos precavidos a la hora de jugar con las matemáticas de nuestro mundo, y respetásemos la X de lo que no sabemos o hemos olvidado.

viernes, octubre 20, 2006

Dulce Otoño

Llega el otoño. Y con él la tan deseada lluvia.

Por fin vuelve de nuevo la maravillosa sensación de meterse bajo el edredón, y escuchar el sonido de las hojas movidas por el viento en que cabalga la tormenta.

Adoro la llegada del clima helado.

Quizá por que fueron los últimos fríos invernales quienes acogieron mi llegada a la vida; tal vez porque fue la oscura luz de un cielo plomizo lo primero que me mostró el mundo; o puede que sea el olor de la tierra mojada que impregnaba el ambiente en el viaje hasta mi hogar.

Prefiero el vaho de las mañanas otoñales al sudor de las siestas veraniegas; el calor de las confesiones en el brasero a los cuchicheos con crema de las toallas en la playa; la tempestuosa bravura de una mar arbolada al espectáculo de un riachuelo semi-seco; la recogida calma de la ciudad bajo el paraguas a la bulliciosa nocturnidad de las terrazas; el blanco manto de las montañas nevadas a los amarillentos campos de cereales agostados; el sabor de un cafetito caliente al helado de chocolate de turno…

En los Idus de Marzo se renueva mi ciclo biológico; unos días después, el equinoccio primaveral celebra el comienzo de la nueva estación y para mi llega el momento de tejer el capullo en el que se encerrará mi alma para protegerse del implacable sol, y esperar la venida de una nueva estación de hojas muertas.

Será entonces cuando despliegue mis alas de mariposa recién nacida, y vuele entre las primeras brumas, cuando el mundo de lo desconocido abra sus puertas y le muestre a los curiosos atrevidos el camino de ida y vuelta al reino del tenebroso Hades.

sábado, octubre 14, 2006

El Saber olvidado

Conozco a una señora que es capaz sin utilizar un reloj de decirte la hora que es, con un desfase de unos minutos apenas. Ya sea de día o de noche. Y no es que tenga un poder especial, su truco es simple: observación.

Ella sabe que sus vecinos acaban de cenar sobre las diez y pico, cuando encienden la tele; que un avión pasa hacia una determinada dirección cada noche entre las once y once y media; que sus gallinas cacarean con el alba; que cuando pasa por delante de su ventana cierta paisana es la hora de apertura de las tiendas; que su gato ronronea hacia la una pidiendo su comida; que su vecino de enfrente regresa del trabajo a las tres y algo… Durante mucho tiempo ha observado día a día los pequeños detalles rutinarios y metódicos hasta aprehenderlos, hasta convertirlos en su particular contador de tiempo, hasta el punto de que ya lo hace tan inconscientemente que ni ella misma sabe cómo.

De la misma manera, observando, aprendieron nuestros antepasados a sobrevivir y evolucionar.

Mirando la naturaleza descubrieron cómo anticipar los cambios de estación, cómo interpretar las tonalidades del paisaje para elegir el mejor lugar, cómo prevenir la llegada de la lluvia, como sentir en el aire caliente o el viento helado el clima. Sabían que cuando un animal que no puede olerlos se siente nervioso es muy posible que otro depredador ande cerca; que cuando todos los animales se comportan de forma extraña un peligro inminente se acerca; que la mejor manera de escapar de un fuego es dirigirse contra el viento que empuja las llamas; que en las proximidades de un río no es prudente establecer un refugio en la época de las lluvias; que un árbol no es buen techo para una tormenta.

¿Cuántos de nosotros seriamos capaces de permanecer vivos si nos dejaran solos en medio de la nada? (y no, no me refiero a que nos abandonen en una isla repleta de cocoteros). ¿Sabríamos defendernos de las inclemencias del tiempo o del posible ataque de un animal? ¿Veríamos las señales que nos proporciona la naturaleza para usarlas en nuestro beneficio? ¿Podríamos recuperar nuestro instinto perdido?

Hoy no nos hace falta mirar la sombra del sol para llegar puntuales a una cita; no necesitamos buscar el carro nocturno que señala el norte si llevamos un GPS en el móvil; no tenemos que saber despiezar un animal, ni curtir sus pieles, ni distinguir las plantas comestibles de las venenosas, cuando tenemos supermercados de 24horas; para que vamos a preocuparnos de una insolación o congelación cuando tenemos aire acondicionado y estufas.

Sin embargo, pese a toda nuestra tecnología, se siguen produciendo incendios, inundaciones o catástrofes que no podemos o no sabemos prevenir y evitar, y que nos recuerdan que somos los animales más indefensos en nuestra desnudez, mientras nuestros ancestros se ríen a carcajadas cuando un simple corte de luz en casa nos deja sin poder hacer nada.

Y todavía hay algunos que se sorprenden cuando ven las grandes o pequeñas obras de la humanidad que han permanecido en el tiempo, dudando que los antiguos fuesen sus creadores…
¿Misterios sin resolver o Sabiduría perdida?

martes, octubre 10, 2006

¿Quien bien te quiere te hara llorar?

Seguro que conocéis y habéis visto más de una vez esos documentales de la naturaleza en los que se “analiza” el comportamiento de un animal durante un periodo de tiempo: se escoge una familia de lobos y se los sigue a todas partes tratando de adivinar a través de sus actos su esencia de especie…

Estaría curioso utilizar la misma técnica con una familia de humanos. Solo que hay un inconveniente: los humanos “disimulamos”.

Cuando mi sobrina acaba con la paciencia de su madre, o la de cualquiera que este con ella en ese momento, y gana el castigo de rigor su frase favorita es “me da igual”. Pero no, no le da igual, es su orgullo el que hace esconder sus sentimientos haciéndose la fuerte.

Ha aprendido ya la primera lección del ser humano: ponerse la armadura.

Porque eso es lo que hacemos desde el momento en que tomamos conciencia de lo tremendamente frágiles que somos. Nos dicen cuando nos está permitido llorar, o enfadarse, o reírse, o emocionarse; cuando debemos hablar y cuando callar; qué es lo políticamente correcto y lo que se considera una falta de respeto; Y nosotros, civilizados, lo hacemos. Retenemos las lágrimas o la carcajada, nos mordemos la lengua, y le decimos “que guapa estas” a la vecina aunque nos recuerde al feo de los Calatrava.

Pero no siempre resulta fácil mantener el tipo. A veces, la coraza tiene puntos débiles por los que se cuela el dolor. Y lo doloroso de verdad no es el golpe que te dan, sino la mano que te lo da, porque suele suceder que la herida viene de aquellos que mejor te conocen y supuestamente te quieren, y al dolor de la “putada” se le suma el dolor de la traición.

Es en ese momento cuando más necesitamos del consuelo de los nuestros, y es precisamente cuando mas suspicaces y furiosos nos mostramos, como fieras acorraladas dispuestas a morir matando. Y nuestra respuesta inmediata es la de reforzar el muro que nos protege, aislándonos aun más del exterior, sin darnos cuenta de que toda armadura acaba por convertirse en un arma de doble filo: rechaza los ataques si, pero al mismo tiempo impide que sintamos las caricias.

¿Merece la pena sacrificar los besos que te da la vida? ¿O tal vez deberíamos tratar de mostrarnos al desnudo, aprendiendo a encajar como inevitables los golpes del destino?

Yo lo tengo claro: no quiero perderme ni un solo roce de labios, aunque me tenga que comer mil hostias antes para sentir el placer de saborearlo.

jueves, octubre 05, 2006

¡Bendita locura!

El caballero de la triste figura, el loco por antonomasia: pensador de sueños, vencido por la realidad.

Todos tenemos un algo de Quijote en nuestro interior. Todos tenemos, o hemos tenido, una ilusión de nombre “Dulcinea” que miramos con los ojos del corazón en lugar de con los de la cara. Y todos deberíamos tener a nuestro lado un fiel escudero, que aun sabiéndonos en la luna, nos acepte y nos apoye con la fuerza del cariño nacido de la amistad.


Si Cervantes tuviese que escribir hoy en día su novela tendría una extensa gama de modelos entre los que escoger a su protagonista. Podría ser un millonario que reparte su dinero; un cantante que regala sus canciones en el metro; un periodista que busca y difunde la verdad; un banquero que concede créditos con el aval de un apretón de manos; un religioso que bendice las uniones homosexuales; un profesor que enseña lo que no está en los libros; una madre que no aborta al hijo con problemas; un político que cumple sus promesas; un medico que cura sin recetas; un funcionario que nos sonríe; un futbolista sin contrato; un historiador que cuenta la versión de los perdedores; o un fracasado que no piensa en el suicidio.

A cada uno de ellos los miraríamos como a bichos raros, parias de la sociedad, insurrectos del orden establecido. Pero debajo de esa mirada de desprecio se esconde tímidamente la punzada de la envidia, la rabia de no ser como ellos, la desazón de sentirnos atrapados en el sistema, y la pena por haber relegado al país de la nada nuestros sueños de rebelión y justicia.

Ilusiones sacrificadas en el altar del bienestar.

Don Quijote no estaba loco. Sabía perfectamente que su lanza ensartaba ovejas y no ejércitos de infieles… pero decidió que la realidad que le había tocado vivir no era la que él amaba y quiso cambiarla.

Y es que, en ocasiones, no se trata ya de saber si son gigantes o molinos, si no de revestir nuestros miedos y problemas con el disfraz contra el cual nos sentimos capaces de hacerles frente, y luchar para convertir lo que “es” en lo que quisiéramos que fuera.

Sin que nos importe en lo más mínimo que el resto de la humanidad tan solo vea a un loco lanzándose contra una pared.